29 ene. 2015

El sueño de los bebés: paciencia, amor y malos entendidos - PARTE I

Son las 5 de la mañana, Salvador se ha quedado dormido. Regreso a mi dormitorio y caigo en cuenta en  1 hora debería estar entrando a la ducha preparándome para ir al trabajo. Habré dormido 2 horas en total. Salvador ha despertado 5 veces en la noche, ninguna llorando, en todas diciendo: MAMÁ! Si va papá estalla en llanto, si va mamá la paz total. Lo cargo, lo meso y pienso que ahora sí dormirá profundo. Pero no. A  las 2 horas vuelve a despertar y sólo demanda mi presencia.
No sé si a ti te habrá pasado lo mismo quizás tu bebé durmió de corrido desde los 3 o 6 o 9 meses. Salvador comenzó a dormir toda la noche desde los casi 3 meses, pero llego a los 6 y comenzó a despertar 1, 2, 3 hasta 5 veces por noche. Leí todos los libros que pude acerca del sueño y técnicas para hacer dormir a los bebés, aparentemente dejarlo llorar era la solución más eficaz y rápida. Lo intenté 2 veces, y no pude hacerlo más. Su llanto estremecía hasta la última fibra de mi ser. Era tan fuerte lo que se movía dentro mío que no podía creer que esto sea una solución eficaz o al menos saludable. Yo sentía que el llanto de mi hijo era totalmente legítimo y profundo y no podía dejarlo así. Seguí buscando soluciones, preguntando, indagando. Hasta que llegó a mis manos un libro estupendo de un pediatra español, doctorado en pediatría. Al leerlo me sentí aliviada, comprendida, y entendí que lo que le pasaba a Salvador era algo totalmente normal y que le sucede a la gran mayoría de los bebés.


Es de ese libro (Bésame mucho - Carlos Gonzalez) del cual extraigo muchas de los párrafos escritos en este artículo.
Este libro me explicó cómo muchas de mis interrogantes encontraban su respuesta en la naturaleza misma.
Básicamente en los animales la conducta de la madre y de las crías es distinta y característica de cada especie, y está adaptada a su forma de vida y a sus necesidades. Por ejemplo hay mamíferos que esconden a sus crías en nidos y madrigueras como los conejos y otros que llevan a sus crías a todas partes como los primates o andando como las ovejas. Todo esto depende de los peligros a las cuales están expuestas las crías.
Por ejemplo, la madre conejo pasa el mayor tiempo posible a unos metros de distancia de su madriguera para no atraer a los lobos con su olor (el olor de las crías es mucho más débil que el de la madre). La madre conejo deja a sus crías en la madriguera y sólo les da el pecho una o dos veces al día. Para pasar tantas horas sin comer las crías necesitan una leche muy concentrada (13% proteínas y 9%grasas). Por el contrario la cría de la cabra va con su madre a todas partes y mama de forma frecuente por lo que su leche tiene sólo 2.9% de proteínas y un 4.5% de grasas, es por esto que la cría de la cabra cuando se separa de su madre llora incansablemente. La leche materna humana tiene 0.9% de proteínas y un 4.2% de grasas… ¿quién cree usted que debe andar muy pegado a su madre?
Para la naturaleza la crianza es bastante sencilla, si las madres dejan a sus crías solas y éstas se quedan quietas y calladas es que eso es lo normal en esa especie. Pero si se ponen a gritar como si las matasen en que lo normal en esa especie es que las crías no se separen de la madre ni un momento, lo que sucede con muchos primates y otros mamíferos. Ninguna especia deja llorar a su cría para enseñarle a dormir. ¿Y qué es lo sucede con su hijo cuando lo deja solo en la cuna, que cree que debería hacer usted?
Los niños lloran cuando se separan de su madre, y no dejan de llorar hasta que su madre reaparece. Esta conducta es normal en muchos mamíferos y aves, y es imprescindible para la superviviencia. Konrad Lorenz explica cómo la cría de ganso separada de su madre llora hasta la extenuación; es más útil para su supervivencia gastar sus últimas energías en seguir llorando en busca de su madre que en intentar buscar comida o esconderse de los depredadores.
Los bebés nacen con mecanismos innatos (no aprendidos) para comprobar cada poco tiempo si su madre está todavía a su lado, y llorar hasta que vuelva si se ha ido. Ponerse a llorar de manera inmediata es la conducta lógica, la conducta adaptativa, la conducta que facilita la supervivencia del individuo. El llanto del niño desencadena en la madre un impulso fuerte, irresistible de acudir y acallarlo. El llanto de nada serviría si la madre no estuviera también genéticamente preparada para responder a él. La madre, el padre e incluso los extraños se sienten conmovidos, preocupados, angustiados; sienten el inmediato deseo de hacer algo para que el llanto pare. Darle el pecho, pasearlo, cambiarle el pañal, cogerlo en brazos, ponerle ropa, quitarle ropa, lo que sea pero que calle. Sin embargo muchos “expertos” les dicen a los padres no coger a sus hijos cuando estén llorando porque si no lo malcriaría. Cuando estas absurdas normas de algunos expertos impiden a los padres responder al llanto en la forma más eficaz (cogiéndole en brazos, meciéndolo, cantándole, dándole el pecho…) ¿qué salida queda? Puedes dejarle llorar e intentar ver la tele, hacer la comida, leer un libro o conversar con tu pareja, mientras oyes el llanto agudo, continuo, desgarrador de tu propio hijo, un llanto que traspasa los tabiques de las casas modernas y que puede prolongarse durante cinco, diez, treinta, noventa minutos. ¿Y cuando empieza a hacer ruidos angustiosos, como si estuviera vomitando o ahogándose? ¿Y cuando deja de llorar tan súbitamente que, lejos de ser un alivio, te lo imaginas sin respirar, poniéndose blanco y luego azul? ¿Están los padres autorizados a correr entonces a su lado o eso sería “recompensarle por su berrinche” y también se lo han prohibido?


Entonces, ¿qué hacen los padres cuando todo lo que sirve para calmar el llanto del niño (pecho, brazos, canciones, mimos) les está prohibido pues les han dicho que hacer algo sería apañar una malacrianza? Cuando nos es imposible acallar un llanto, nuestra propia impotencia puede convertirse en irritación. El llanto puede convertirse entonces en un desencadenante frecuente de maltrato infantil “lloraba y lloraba, hasta que no lo pude soportar más…”

Continuará en la Parte II: El sueño de los bebés: paciencia, amor y malos entendidos PARTE II

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